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sábado, 5 de marzo de 2016

FESTIVAL DE LA VENDIMIA DE ICA. Un homenaje a la uva.


El Festival Internacional de la Vendimia de Ica se lleva a cabo todos los años, los primeros días de marzo. Es una celebración que nació para darle realce a la actividad vitivinícola de esta parte del Perú y desde los primeros días de marzo, se dan cita todas las noches, grandes artistas nacionales y extranjeros. El local de espectáculos cuenta con el personal de seguridad necesario, así como efectivos de defensa civil y tópicos ambulatorios necesarios para la atención del público. Además hay fuegos artificiales, shows infantiles, juegos mecánicos, entre otras atracciones. 
La Vendimia consiste en despojar a las parras de sus frutos para utilizar el jugo con el cual se elaboran los vinos y piscos que tanta fama le han dado a esta ciudad sureña, que desde 1958 organiza la Fiesta de la Vendimia.






La vid, el principal protagonista.
En este festival se celebra y se rinde homenaje a la Vid, planta de la cual se obtiene la jugosa uva iqueña que nace formando racimos con su calidad y dulzura. De este fruto se obtienen los más finos y delicados licores que hacen famosa a la ciudad de Ica, la región vitivinícola más importante del país.
Entre los principales productos de la vid están los exquisitos y reputados vinos, considerados como los mejores del país, la incomparable cachina y el excelente pisco, el de mejor calidad en todo el mundo.
Junto con los licores, los asistentes pueden gozar del sabor de las deliciosas tejas de pecanas o frutas confitadas, rellenas de manjar blanco y cubiertas de un baño de nevado.



El corte de los racimos de uva es la atracción principal de la vendimia. Es todo un rito que se inicia con la cosecha, realizada por manos femeninas que cortan hábilmente los jugosos racimos que son depositados en canastas.
Otra de las principales actividades de la Vendimia consiste en visitar las bodegas del valle donde se preparan fiestas con la tradicional pisa de la uva, concurso de Marinera norteña, campeonato de Sandboard en las dunas de Huacachina, concurso de cachina, concurso del chinguerito, feria agropecuaria, agroindustrial y artesanal, concurso canino, concurso del caballo de paso, concurso gastronómico, entre otros y el tradicional corso donde bellas reinas desfilan en carros alegóricos y arrojan racimos de uva al público que sigue su paso.




La coronación de la Reina y el desfile de carros.
También es un acto muy importante de esta festividad la elección y coronación de la Reina de la Vendimia, quien acompañada de su corte ejecuta "la pisa de la uva" para extraer el zumo de la fruta que se convertirá en licor.
El festival dura más de una semana y acuden hermosas muchachas de América y Europa, representando a sus respectivos países. Suntuosos bailes se suceden noche a noche y en el día y la tarde se realizan actuaciones deportivas, folklóricas, culturales, etc. Todas las clases sociales tienen participación directa en el festival y mientras en el centro social se lleva a cabo el baile principal, en la plazuela Barranca se desarrolla el baile popular.
El número principal es el corso de la vendimia. Las bellas reinas desfilan en carros alegóricos y arrojan racimos de uva al público que aplaude a su paso. Las firmas comerciales, los colegios y la universidad también preparan vistosos carros que se suman al corso. Grupos de jóvenes organizan bulliciosas comparsas y toda la población vive un contagioso ambiente de verdadera fiesta. El corso es el domingo y una vez que termina se desarrolla la tradicional "yunza".
Durante los días de fiesta, el campo y la ciudad se transforman. En las haciendas se ofrecen pachamancas y se realizan concursos de música criolla, pelea de gallos y exhibiciones de caballos de paso.











viernes, 31 de enero de 2014

LOS UROS. El pueblo del agua


Sobre las frías aguas del lago Titicaca, a casi cuatro mil metros de altitud sobre el nivel del mar y a unos seis kilómetros de la ciudad de Puno, se encuentra un sorprendente archipiélago compuesto por más de cuarenta islas artificiales habitadas por los uros, los descendientes de una de las culturas más antiguas de Sudamérica. Este pueblo afincado sobre las aguas elabora a partir de la planta de totora increíbles construcciones que se asientan sobre el lecho lacustre, pues según narran sus leyendas, huyeron del asedio inca refugiándose en las aguas, iniciando de este modo la tradición de las islas flotantes de los uros en Perú.
Los uros han morado desde hace siglos sobre estas islas artificiales, construidas empalmando bloques de raíces de totora que se desprenden del lecho del lago Titicaca bajo la acción de la corriente. Con el tiempo, estas raíces entran en descomposición, liberando gases que permanecen atrapados entre los juncos, ayudando a mantener la flotación. Para impedir que el viento o la corriente desplacen los islotes, éstos son anclados por medio de troncos y estacas que atraviesan la estructura y se hunden en el fondo del lago. Sobre estos bloques de raíces disponen sucesivas capas de totora seca, integrando el suelo de sus hogares.



Las lluvias y la humedad ocasionan la degradación de esta base, por lo que cada pocos meses deben renovar las capas de juncos que conforman la superficie de las islas. Además, el peso de las viviendas y sus habitantes comprimen el ramaje, cuyo fondo en continua descomposición se va degradando hasta convertirse en abono orgánico, que con el paso de los años y la adición continua de nuevas capas llega a tocar el fondo mismo del lago, dejando de flotar sobre él. Un arduo trabajo de restauración que posiblemente se ve recompensado al despertar cada mañana ante la vista de las azules aguas del Titicaca.
La totora constituye un recurso indispensable para la vida de esta etnia, pues con esta planta acuática, común en los lagos y pantanos de América del Sur, también elaboran los techos, las paredes y las puertas de sus viviendas que se asientan sobre estas islas flotantes, así como las balsas conocidas como caballitos de totora, con las que navegan y pescan en las aguas del lago. Estas balsas apenas han variado en su diseño desde hace tres mil años, ideadas para transportar a un único navegante con sus aparejos durante las faenas de pesca. Se caracterizan por su proa curvada hacia arriba, siendo la popa más amplia y contando con un ancho de apenas un metro y una longitud cercana a los cinco, con un peso de unos cincuenta kilogramos, pudiendo soportar hasta doscientos de carga útil. Además de la construcción de sus balsas y hogares, la totora también se emplea como combustible para sus cocinas tras secar los tallos, además de como alimento, pues tras quitar la corteza obtienen una sustancia blanca y fibrosa, prácticamente insabora, pero igualmente empleada como complemento para sus dietas.
Las diversas islas varían en tamaño según las necesidades de los uros, pudiendo las de mayor superficie albergar hasta doce familias. En total, sobre estas chozas erigidas sobre las aguas del Titicaca viven aproximadamente unas dos mil personas entre hombres, mujeres y niños, presentando sus características formas cuadradas o triangulares con techo a dos aguas, contando con un único habitáculo en su interior, cocinando en el exterior para disminuir los riesgos de un posible incendio. La isla conforma el núcleo básico de esta comunidad dedicada principalmente a la pesca, la confección de redes y la artesanía, por lo que todos los miembros participan activamente en su construcción. Cuando el espacio disponible comienza a reducirse o bien cuando se unen nuevas parejas para formar una familia, se erige una nueva isla para albergarlos.





Los uros se denominan a sí mismos “kjotsuñi”, que puede traducirse como “el pueblo del lago”, pues al parecer, el vocablo "uros" correspondía al nombre peyorativo que les dieron los vecinos pueblos aymaras. Sus orígenes no están esclarecidos, considerados por algunos como la raza primigenia de América. Su árbol genealógico es diferente de los aymaras y de los quechuas, remontándose a épocas anteriores a los incas.
Con la llegada de los conquistadores europeos, el aislamiento de este pueblo se hizo más patente, ocultándose en los totorales para evitar ser sometidos, o adentrándose en las aguas del lago para escapar de los colonizadores españoles, que masacraban a aquellos que se resistían y trasladaban al resto como esclavos a las minas de Potosí. De esta forma puede entenderse la construcción de las islas artificiales como un medio de este pueblo para sobrevivir, obligando a los uros a acelerar las técnicas constructivas que la totora les había proporcionado durante siglos.
Las islas flotantes del lago Titicaca conforman un referente mundial de arquitectura sostenible. Unas islas que cumplen sus ciclos naturales de existencia y terminan por degradarse y convertirse en abono orgánico cuando carecen del mantenimiento necesario. El hermoso legado de un pueblo precolombino que ha habitado esta "ciudad sobre las aguas" desde tiempos remotos e inmemoriales. Un pueblo desterrado, obligado a un aislamiento secular por la presión de los colonizadores, y que a día de hoy, continua su lucha por la supervivencia, confinados en una pobreza estructural y endémica caracterizada por la fragilidad de su ecosistema y la falta de medidas para mejorar sus condiciones de vida y sus medios de subsistencia.





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